Sexo y a lo loco…

Necesito sexo, mucho sexo, con esa persona que me gusta a mí.

Sentir su piel sobre mi piel, sentir su erizar de su piel, sus bamboleos, sentir su placer, su lujuria, su morbo, su deseo, su anhelo que poco a poco se va llenando.

Sentir su ritmo junto a mi vaivén, sus ojos en lo míos, su entrega en mi entrega, su pasión.

Sentir sus senos, sus torneadas piernas, sus labios, su cuello, su abdomen, su espalda, su cadera, sus omoplatos, de nuevo su piel, sus aureolas, sus pezones erguidos de excitación, su respiración acelerada…

Sus verdes ojos clavados en los míos mientras vamos sintiendo la pasión, mientras vamos desarrollando, inventando la pasión, llenos de lujuria, morbo, deseo y placer..…

Pero, como siempre se irá con otro, y me frustraré conformándome con una maldita paja mientras pienso en ella y lo injusta que es la vida…

Volveré con esa amante inoportuna que se llama soledad (J. Sabina) y volveré a ese dulce amargor.

Pero, como decía cierto poeta, si todavía tengo capacidad de amargura es que todavía queda algo de mí vivo, que todavía hay esperanza para los zombi muertos en vida.

¿Cuál es mi condena, mi pena, por mi errado, errático comportamiento?

Llevas razón, por eso esa es mi condena…

Llueve sobre mojado con la razón y el deseo…

Me marcho al tiempo del tiempo de nunca jamás.

Eso es una chorrada.

Como un castillo.

Como una mansión acastillada.

Me falta Morfeo y digo surrealidades.

Ojos que se abren a tersos melocotones erizados.

Me hago viejo en la nada, en el desprecio del justo precio perdido entre temporales afilados de desprecio por bocanadas de ser original, busco no aburrirme a mí mismo y con eso me basta.

Un gato, hasta que lo mataron…

Pero, el gato sigue vivo en el gato, queda poco, retazos que le mantienen a sí mismo en sus aires, en sus mares, en sus lugares perdidos…

Dos tetas aplastadas en mi pecho, dos ojos que me miran, unos labios que gritan mi nombre…

Pero, el gato para los demás está muerto, y ahí quedará, bien enterrado en su zombiland.

 

Anuncios

¿Pero, se puede acaso demostrar que en la serie “3, 4, 11, 2, 78, 5, 9, 9, 34, 6” hay una relación ordenada en el valor y posición de cada elemento?

Entonces lo contrario de orden es azar, ¿pero es azar?

No podemos decir del ejemplo expuesto que es un orden porque no podemos crear una función que nos prediga cual es el siguiente porque no podemos establecer cual es la relación que se presenta en la relación o numeración de números presentados. No podemos establecer si esa relación era necesaria o determinante o si era aleatoria.

Podríamos llegar a establecer una función que nos diera el patrón o relación presentada tal que podamos establecer una predicción, pero tampoco podríamos establecer si esa función es necesaria o determinada por ser una determinación necesaria.

¿Era necesaria la función newtoniana? La función no era exactamente correcta pues no es una función precisa o adecuada en precisión en los datos en la que se aplica dicha función, a lo mejor era necesaria que diera como función no precisa, porque estaba determinada la historia de los humanos tal y como fue y no podría ser de otra manera.

Supongamos que tenemos un conjunto de funciones correctas, precisas, que se adecuan verdaderamente a la realidad, ¿podríamos establecer la necesidad de tales funciones o tendríamos que aceptar que así es la realidad como podría no serla?

Pero yendo al ejemplo de no-orden que nos parece aleatorio ¿podemos decir que es verdaderamente aleatorio? Podemos decir que por lo menos hasta ahora no hemos podido establecer que tenga algún tipo de orden o armonía o función o patrón, pero no podemos demostrar que necesariamente es aleatorio o no ordenado.

Es el problema del azar, lo que nos parece azaroso requiere una creencia, pues no podemos demostrar que necesariamente sea azaroso.

Y luego si es azaroso, es azaroso ¿con algún tipo de limitación -como el azar de un dado 1/6- o es un azar ilimitado 1/∞?

Por ejemplo en en el ejemplo que expones y cito podríamos decir que son números sacados al azar con repeticiones de un conjunto de números o bolas dibujadas del 2 al 80, tal que con esas limitaciones no podemos establecer cual es el patrón u orden tal que tenemos que establecer que son relatados al azar (o ese nos parece porque no tenemos como medir o establecer si hay algún patrón o función oculta).

Es normal que pensemos que una función si la unimos o la relacionamos funcionalmente (no relaciones azarosas que rompan con la consistencia de las funciones: es decir que mantengamos las mismas funciones y que mantengamos la función de relación con que las relacionamos) con otra función: nos de otra función que podríamos desde nuestra perspectiva llamar más compleja.

Lo más complejo es el azar; pero quizás el azar es la suma (como expresión de cualquier función de relación consistente para unir dos o más funciones) de tal grado de funciones que es imposible establecer un patrón o función reconocible.

Imagina una ciudad en la que están ocurriendo a la vez (ya tema complicado) todo lo que está ocurriendo, desde nuestras perspectivas es imposible sacar un patrón, un orden, la ciudad es desordenada, compleja, estocástica: pero a lo mejor la ciudad lleva un orden, una función que es irreconocible porque es la relación (relación dada en una mezcla de funciones relacionales) de funciones de tal grado que no es imposible sacar un patrón o función más simple.

Cuando hablo de función me refiero como explicación a su modelo más sencillo, función matemática: f (x)= 2x; está función nos da el patrón de orden, de una armonía -2 0 2 4 6 8 10 12 14, de esta serie podemos sacar un patrón que nos prediga el siguiente número. Esto es un muy simple. Lo podríamos complicar a niveles que no llego porque no manejo todo lo bien que me gustaría el lenguaje matemático, no sólo el lenguaje sino sus mismas concepciones de funciones de relación: funciones sinusoidales, funciones de relación de funciones sinusoidales (sumar, multiplicar, etcétera, etcétera, etcétera (para que quede claro en el error gramatical de ser repetitivo con el etcétera), funciones sinusoidales, o funciones sinusoidales de funciones sinusoidales), funciones de cálculo (integrales, derivadas) de 100 dimensiones con funciones sinusoidales de funciones sinusoidales, etcétera.

Como digo de funciones que relacionemos con otras funciones (para ser consistentes, no azarosos) salen funciones más complejas. Y como digo el azar podría ser una relación de funciones tan compleja que no podemos analizar (descomponer) cuales son sus funciones compositivas, no ya digamos sus funciones elementales (si es que existe de verdad unas funciones elementales).

Si creemos que todo es cosmos, entonces creemos que todo lleva una funcionalidad matemática consistente en esa misma funcionalidad matemática (que puede ser de tal grado de complejidad que jamás lleguemos a conocer, ni a intuir o ni acercarnos a cual es toda esa funcionalidad matemática como suma o relaciones funcionales de otras funciones que la componen); no existe el azar.

Pero el principio de incertidumbre nos deja la posibilidad de que a lo mejor existe el azar (parece que o rompemos la localidad de Einstein o tenemos que aceptar algún grado de azar); pero no tenemos porque romper el cosmos; sino establecer que el cosmos permite cierto azar limitado por su gran y compleja funcionalidad matemática, tal que existe en el cosmos el estadio de lo que aparece o se actualiza mientras sigue existiendo los posibles que no llegan a actualizarse o aparecer todo ello ya establecido por azar: el azar elige que se actualiza o aparece entre los posibles que no: el azar elige de unas limitaciones que marca las funcionalidades matemáticas que son el cosmos.

Nos queda otra posibilidad, que todo sea azar, y que cuando aparezca algún patrón u orden sea una mera causalidad de un azar infinito sin limitaciones, sin funciones matemáticas que valgan en una gran funcionalidad.

Expongo que se comprenda bien este concepto de funcionalidad, nada tiene que ver con tener intenciones o un plan y menos un plan emocional, o de una justicia que no sabría bien que significa, ni nada de divinidades, ni antropocentrismos, ni de causas primeras, ni de conceptos y no-conceptos religiosos y místicos que me parecen chorradas. Es una mera funcionalidad matemática, aséptica, sin intenciones, es como es porque no es azarosa ni caótica (azar infinito).

Una inconsistencia es un azar infinito. Lo mismo es una cosa que otra o que otra o que otra hasta llegar a un infinito de posibilidades que hace imposible limitar algún orden o armonía o consistencia.

 

“Sinestesiando”

Sus ojos eran de color salado, con sus puntos dulces y picantes, suaves y armoniosos, me entraban escalofríos cada vez que la miraba, su voz era morada, roja y azul y su tacto era una mezcla de canela y limón.

Como no desear mirar su cuerpo con aquellos ojos verdes y su pelo de regaliz, cuando mirarla era sentir un caramelo en los ojos (plagio cultural del típico: “eyes candys”), como ardía mi mente al mirar su intensa mirada que me desconcertaba y me hacía perderme en la contemplación del momento sin más.

Cuando soy Rock & Roll

Volando entre sueños voy, cantando como un loco en vetas de pasión, se va dejando las notas marcar con prosodia sonora, a ritmo de rockandroll, dejando mi alma de negro rota de alegría y de tristeza al compás de cada canción. Me duele el alma, pero se sublima dejando la redundante entonación de dejarse la roja en cada verso, de dejarse trozos de la manta muerta que nos enerva contemplar en aquesta: pues que magia contiene la tersa manta de una que nos lleva a mirar con deleite y sentir el dulce salado de su roce. Qué locura dejarse llevar por las sensaciones, por las palabras, por la música, por las miradas y sentir, sentir vida, sentir vibraciones, sentir la exaltación del rockandroll.

Y volver, y volver una y otra vez a seguir en cada continuación a seguir dando la nota, a seguir dando el cante, derrochando rotos en la desentonación sinvergüenza que vaga saltimbanqui por los alaridos del rockandroll, me dejo el alma destrozada y compuesta al compás del vaivén, y vuelvo al ritmo de la tristeza, a la tristeza del ritmo, y cuando apunto  está de griparme el corazón, me sigo dejando llevar por el rockandroll. 

Critica a “The Hateful Eight”

Tarantino sigue rodando obras maestras del la cinematografía, quizás tenga fallos en su desenlace, pero la maestría con la que va contando la historia, llevando la tensión al clímax, resulta como siempre en Tarantino sublime. Siendo una buena película no terminó de cuajar con “Django desencadenado”; pero Quentín lo vuelve a lograr con “The Hateful Eight”, vuelve a cuajar cine. Quizás le sobre condimentos que siempre son excesivos en Tarantino, pero nunca hemos podido decir que por ello el plato estuviera malo o pasado. Aquí vuelve abusar de ellos, pero no importa, la trama y los personajes siguen teniendo su sabor; en donde en Djanjo junto con ese exceso de condimento hay un final demasiado empalagoso para mi gusto, aquí se mantiene el plato dentro del marco que permite disfrutar del guiso cinematográfico de la cocina de Tarantino. Quizás con Django estaba muy acostumbrado a su gastronomía, y uno siempre espera la superación del cocinero y es una pena cuando no sólo se supera sino que baja el nivel por abusar de ciertos excesos. En “The Hateful Eight”, a pesar de momentos con planos memorables, no esperemos el mejor plato de Tarantino, en el sentido de que sigue pecando de sus mismas especias de siempre, pero por lo menos vuelve a saber entonar su cine con su particular ritual maestría. ¡Disfruten del cocinado!

Las mares de la pasión II (Reedito).

Me hubiera gustado ser tu Leonard Cohen
haber bebido champán
con helado de limón
en un viejo hotel de una gran ciudad,
y poder contármelo algún día
y recordar que fuisteis tú.

Pero soy desinteresado,
estúpido y desgastado,
y las mujeres no perdonan
que sea desgarbado,
mientras me carcome por dentro
no haber cometido el pecado
de haberte tenido entre mis brazos
para revivir cada momento
de haberte seducido mujer.

De recordar quienes fuimos
por la lujuria del placer
de recorrer los caminos
que no se han de correr
sintiendo la corriente que nos
lanzó a caer.

Pero soy miserable,
un cobarde,
y aunque lo intenté
a veces no estuve acertado
y otras deserté.

Te miro y pienso
sé que estuve cerca
de saborear tu piel,
de rozarte abiertamente
con nuestros juegos de sartén.

Pero me fui agriando,
muriendo cada vez,
el mar se aleja
y te conmemoró otra vez.

Perdón le digo a la pared,
por hablar en presente
de lo que pretérito ni fue.

Me disperso en lejanos sueños neblinosos

Me diluyo, me pierdo, me dilato, me expando, me descentro, viajo a ninguna parte, voy siendo todo y nada mientras lo siento todo y no siento nada: Contemplo, vuelo, y me quedo estando en todos los lados en que estoy y ya no estoy en ninguna parte.

Me tenso y me relajo, me voy y me vengo sin partir, estoy y no estoy,
me canso y me avivo, doy vueltas sin volver, escribo por escribir sin intención, displicente, descastado, y sin embargo escribo por escribir significados.

Me absorto, me muero sin resucitar, me entretengo, me distraigo, me desespero sin esperar, vivo soñando a través de sueños y me molestan los despertar, me desvanezco, me ninguneo, me siento sin sentirme, floto y no paro de caer, no se puede estar constantemente resucitando y ando por andar entre resquicios consumidos por inspiraciones que ya no respiran, trozos de carnes con ojos, me acobardo y huyo buscando un eterno sueño, una eterna palabra que no signifique nada, una ataraxia, una razón indolente, y por otra parte ardo por ser pura literatura.